UN EDIFICIO CON HISTORIA

La historia de un antiguo convento convertido en albergue.

En el corazón de Santillana del Mar, el antiguo convento Regina Coeli ha pasado de ser un espacio de vida religiosa a convertirse en un lugar de acogida para peregrinos. Esta propuesta busca que la historia se sienta viva, visual y memorable.

En el año 2016, “Año de la Misericordia”, sentimos una llamada a ponernos en camino de solidaridad, en la confianza de que otro mundo es posible y queríamos construirlo juntos.

UN EDIFICIO CON SIGLOS DE MEMORIA

Un convento que forma parte de la historia de Santillana del Mar.

El edificio es el antiguo convento Regina Coeli, construido por los monjes dominicos a comienzos del siglo XVII. Durante siglos fue un lugar vinculado a la vida religiosa de la villa y, con el paso del tiempo, su uso fue cambiando sin perder su identidad.

Hoy reabre sus puertas con un nuevo sentido: seguir siendo un lugar de acogida, ahora para quienes llegan caminando, buscando una estancia serena en un entorno singular.

CRONOLOGÍA

Un recorrido en el tiempo.

SIGLO XVII

Nace el convento Regina Coeli

Los monjes dominicos levantan el edificio y lo integran en la historia religiosa y arquitectónica de la villa.

1835

Fin de la etapa dominica

La desamortización de Mendizábal marca el final de la presencia de los dominicos en este convento

DESPUÉS

Llegan las Clarisas

El edificio continúa su vida como espacio religioso bajo una nueva comunidad, manteniendo su vocación de recogimiento.

2007

Una década en silencio

Las Clarisas se trasladan al convento de San Ildefonso y el edificio queda vacío durante diez años.

22 MAYO 2017

Comienza una nueva etapa

El antiguo convento vuelve a abrir como albergue de peregrinos, recuperando su esencia de acogida desde una mirada contemporánea.

EL CONVENTO HOY

Un lugar restaurado para seguir recibiendo a quienes llegan.

Desde su apertura como albergue, el edificio ha ido incorporando mejoras para ofrecer una estancia más cómoda sin perder la esencia de su historia. Cada espacio conserva el valor de un lugar con memoria, adaptado hoy a las necesidades de quienes recorren el Camino.

Dormir aquí no es solo alojarse. Es formar parte, aunque sea por una noche, de un edificio que ha acogido personas durante generaciones.

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